Sunday, March 20, 2011

Número Nueve

9
¡¡ Se abre la veda de relato corto !!

Con el número nueve se da inicio al segundo concurso de relato corto. Pinchos, tapas, vinos, temas, trazos, lugares, aromas, paisajes, sonidos, y sentidos ...

Todo, sólo con palabras.


Wednesday, February 9, 2011

Nos complace anunciar que hemos subido la tirada a 1000 ejemplares. Debido a problemas técnicos, en números anteriores no hemos podido incluir el email de la revista para recibir nuevas aportaciones, así que aprovecho para decir que santanderimaginario@gmail.com tiene su buzón abierto a todo escritor y fotógrafo que desee publicarse.

Thursday, December 23, 2010

Número Siete

La Prableña?? Que pasa con eso, que cosa la prableña.

Saturday, November 13, 2010

Número Seis

Historias, relatos, paseos, imágenes, personas que van y que vienen, cuatro cervezas y un número más.



Agradeciendo el creciente número de colaboradores, nos vamos metiendo de lleno en el invierno. Cada vez nos llegan más y más relatos, por lo que pedimos a los escritores que no se impacienten, que su historia verá la luz algún día.

Si te gusta la publicación, clica en los anuncios, así nos estás subvencionando.

Sunday, October 17, 2010

Número Cinco

¡Esos chavales! Que guay. Volvemos a la carga con todo otra vez, poniendo la carne en el asador.
Y algunas veces no hay nada más que decir, y no se dice.

Si te gusta nuestra publicación clica en los anuncios, de esta forma nos estás subvencionando.



pd.: Volvemos con planes mensuales, así que estaremos en las calles en Noviembre otra vez

Monday, September 6, 2010

Número Cuatro

Todavía nos estamos aclarando el salitre y sacando la arena acumulada en los bolsillos, pero el nuevo Santander Imaginario ya está a la venta (por 0 euros por supuesto). Podeis conseguirlo en los mejores bares. Hemos estrenado la orla de premiados con los 3 ganadores del primer concurso de relatos. Gracias a todos los participantes, ya ireis viendo vuestras historias a lo largo de próximos números de la revista.
Estaréis pensando: yo también quiero que publiquen mi magnífico relato. Pues estáis de suerte, mandad vuestras historias a santanderimaginario@gmail.com.


Open publication - Free publishing - More movidita

Pd.: Con un clic en los anuncios, estarás patrocinando Santander Imaginario, gracias.

Wednesday, July 14, 2010

Número Tres

Ya podemos decir que tenemos un nombre en esta ciudad. Gracias a Monet, a Bertso, a Franto, a la Caverna, a Anita, a Jato, a Manolo, a siempre presente Dani y a otros tantos, sacamos el número Tres junto con una gran noticia: ¡Primer CONCURSO Anual de Relato Corto Santander Imaginario!
Para participar manda una historia a Santanderimaginario@gmail.com junto con un seudónimo y una copia con tu nombre a Concursoimaginario@gmail.com antes del 10 de Agosto. Las bases completas están en las últimas páginas de la revista.
Repartiremos 120 euros en premios el día 26 en el Dolmen, y el 25 a la noche leeremos las mejores historias.

Monday, June 7, 2010

Número Dos

Santander Imaginario está más fuerte que nunca, y llegará a las calles esta semana. Con tirada propia de 500 ejemplares empapelaremos la ciudad, y esperamos que las historias sigan llegando como hasta ahora. Como puedes ver, hemos añadido issuu a nuestro blog, para que leernos sea una experiencia mucho más intuitiva y empírica.
Si te gustan las historias, por favor clica en los anuncios, recuerda que la revisa es gratuíta y nuestros medios limitados.

Thursday, May 6, 2010

Número Uno

Editorial

Entramos fuertes y con ganas, creando cultura, juego, movimiento, expectativas... Nostalgias, recuerdos; llegan historias de emigrados desde Oviedo hasta San Sebastián, y lo más importante, parece que hay vida en Santander.

Hemos empezado a rodar, pero lo mas importante es que la bola no se pare. Es entonces cuanto a ti te toca destapar las historias escondidas debajo de los adoquines que se encuentran tus pasos y que con un toque imaginario pasen a ocupar su huequecito entre estas hojas.
Santanderimaginario@gmail.com


Bucles
de César

No hay nada como la seguridad en el mañana. Saber que el Sol, saldrá otra vez por el mismo sitio, con sus primerizos, deslumbrantes y dorados saludos iluminando la bahía. Y si un día, en vez de hacer su cotidiana y rotativa tarea, saliera entre aguas, rodeada de los mules, que siguen saltando para cogerle, pero él sigue y sigue hacia arriba. Viste? Parece que el planeta es una bolita de Lotería precipitándose por la barra latonada, una más.
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Ese reconfortante pasar de agujas, ese tic tac tan caprichoso y orgulloso de suiza exactitud, que nos hace creer que controlamos el tiempo, que lo dejamos caer con cuentagotas, como si unos científicos hubieran determinado que tiene su razón y su porqué, y eso te gusta y te lo compras, y lo luces cubierto todo él de metálico brillo, sentado en el paseo, con sonrisa segura en boca ,y ya de viejo lo guardaste en el bolsillo, hasta le pusiste cadena, y entonces te das cuenta de que no te gusta como es el tiempo. Que te gustaría que saltara bien para atrás, algún pasito hacia delante, tarde pibe.


E-2, e-4.

I.
Raúl odiaba cuando su abuelo empezaba una partida así. Se sentaba al otro lado de la mesa, adelantaba dos casillas el peón de rey, y desde ese momento sabía que no tenía ninguna posibilidad. Daba igual lo que hiciera. Su abuelo sacaría de un momento a otro la reina a pasear, y las piezas de Raúl desaparecerían del tablero. Poco a poco. Sin prisa. Él decía que era para que Raúl aprendiese, pero lo único que hacía era encajar ostias por todos lados. Y sí. Raúl hacía todo lo que podía, pero el abuelo, mirando desde sus grandes ojos grises, parecía adivinar todas sus intenciones. Y en cuanto la reina se movía de su casilla de salida, comenzaba el baile. Era una zorra. Y el abuelo un cabrón que disfrutaba con todo aquello.

Aquel día el abuelo parecía distraído. Ausente. Miraba la bahía desde la ventana. El sol de agosto se reflejaba en los cristales de los barcos de recreo que cruzaban el puntal hacia la bocana. Raúl se puso a su lado. Papá siempre hablaba de lo que costaría hoy en día el piso del abuelo, en pleno paseo Pereda. Cuando el abuelo se giró para saludarlo, Raúl cayó en la cuenta: Hoy hacía cuatro años que la abuela había fallecido. ¿Por qué coño se le había ocurrido a la abuela morirse en pleno verano? La gente no se muere en días soleados. Además, el único recuerdo que Raúl tenía de ella era el de una señora enjoyada y llena de arrugas, que encima le había jodido el viaje a Londres muriéndose.

Raúl le abrazó, sin mucha pasión. Para un día a la semana que se veían, justo tenía que ser hoy el aniversario. Seguro que el abuelo le venía con recuerdos deprimentes. Pero no pasaba nada. Una horita, y ya estaría con sus colegas. Tampoco era para tanto.

- Raúl, hijo, se me había pasado que veníais. Ve a buscar el tablero. Está en el segundo cajón de la cómoda de mi cuarto.

Cruzó el largo pasillo de la casa. De fondo, escuchaba a sus padres hablando con la chica que cuidaba al abuelo. La voz de su madre no hacía más que dar instrucciones. Si ella supiera. Más de una vez había oído al abuelo decirla que a la mujer de su hijo ni puto caso. Que él era el que la pagaba. Raúl pensó que a este paso, la chica iba a quedar desquiciada entre unos y otros. Que ganas tenía de salir de esa casa de locos.

Cuando abrió el cajón, el tablero y las piezas estaban ahí. Pero a Raúl le llamó más la atención lo que había al lado. Sacó el álbum y empezó a hojearlo. Eran todas fotos en blanco y negro. Podía reconocer al abuelo en muchas de ellas, mil años más joven. Con el pelo hacia atrás y un bigote fino. Parecía que él también había sido joven. Raúl sonrió, y pasó la página.

De repente, apareció ella.

En la esquina superior de la hoja. Guapa. Guapísima. Metida en un traje que se ajustaba a sus curvas, acentuando sus caderas. Enseñando las piernas, las medias, los zapatos de tacón. Raúl se quedo embobado. Igual que en aquella película que vieron en el instituto, donde salía aquel hombre diciendo lo de “siempre nos quedará París”. Pelo moreno, ondulado. Riendo. Mirando a la cámara. Al fotógrafo.

A él.

Apartó el papel, y sacó la fotografía. Sujetó la foto suavemente, temiendo arrugarla. Hacerla daño. Llevó su mano hacia ella. Acarició la línea de sus piernas, sus pechos…

- ¡¡Raúl!! ¿Dónde te has metido?

La voz de su abuelo retumbó por la casa, y Raúl recogió todo rápidamente. Colocó el álbum en su sitio, y se llevó las piezas.

- ¡Ya voy!

Aquel día, la partida terminó pronto.

II.
La semana siguiente fue extraña. Antes de irse a dormir, Raúl sacaba la foto. La miraba. Cerraba los ojos, y todavía podía verla. Cuando los abría de nuevo, ella seguía ahí. Mirando y riéndose como si nada importase. Y no era así.

La primera noche, soñó con ella. Claramente. La vio meterse en su cama. Besarle el cuello, y acariciarle. Se levantó tremendamente excitado. Desde entonces, cada vez que miraba la foto antes de acostarse, Raúl sentía que algo no iba bien. No estaba en su lugar. No era normal.

No era normal sentirse atraído por la foto de su abuela.

Porque estaba convencido. Esa cara le sonaba muchísimo. Desde el principio, Raúl se resistió a aceptarlo. Pero cuando más miraba, más se hacía a la idea. Esos ojos. La forma de la cara. Tenía que ser su abuela. Y no era normal.

III.
Cuando llegó el sábado, Raúl puso una excusa para no ir a ver al abuelo, pero no le sirvió de nada. Su padre le recriminó lo poco que le visitaban todos, y a Raúl no le quedó otra que hacer de tripas corazón. Se metió la foto en el bolsillo y se montó en el coche.

Cuando llegó a casa del abuelo, este le esperaba con el tablero montado. Raúl se sentó en su lugar, con la mirada clavada en sus piezas, esperando que de un momento a otro el abuelo le echase la bronca. Seguro que se había dado cuenta de que faltaba la foto. Pero no dijo nada. Simplemente comenzó adelantando el peón de rey. E-2, e-4. Raúl se concentró en las jugadas, sin levantar la vista. De repente, la reina del abuelo se movió de su sitio, y cruzó el diagonal el tablero, amenazando el alfil de Raúl. Entonces, el abuelo levantó la voz.

- “Hijo… creo que tenemos que hablar”.

Raúl siguió sin levantar la mirada.

- “Raúl, hijo, el otro día te llevaste algo que no era tuyo, y deberías devolvérmelo…”

Raúl miraba hacia su alfil, que esperaba impasible a que la reina lo hiciera pasar a mejor vida.

- “No, abuelo”.
- “¿Por qué?”.
- “Porque… quiero tener una foto de la abuela”. Mintió Raúl.
- “Pero, Raúl… esa foto no es de la abuela”.

Raúl levanto la vista.
Y los vio.
Los mismos ojos que en la foto.
La misma cara, pero con muchos años más.


-“Raúl, hay cosas que no deberías saber de mi. Devuélvemela”. Dijo el abuelo, clavando sus ojos grises en los de su nieto.

Raúl puso la foto encima de la mesa, justo al lado del tablero. El abuelo cogió su pieza favorita y se comió el alfil. Raúl no pudo dejar de pensar durante toda la partida en el daño que le estaba haciendo.

Todo fue su culpa desde el principio. De la reina del abuelo.

Aquel día, la partida terminó pronto.

Monet.

Lejos del Mar

por Bruno

Desde que era niño, Pancho fue amante de los animales, especialmente de aquellos que le daban mucho miedo como los lobos o los tiburones. Me acuerdo de cuando papá nos llevaba de excursión a los Picos y Pancho se pasaba todo el día hablando de osos, de tigres y de cualquier animal que nos pudiéramos encontrar caminando por el monte. La verdad es que siempre tuvo imaginación. Yo, en cambio, nunca me vi atraído por algo tanto como mi hermano. Pancho se pasó la infancia coleccionando escarabajos y viendo documentales en la tele. Era capaz de pasarse una tarde mirando las fotos de la enciclopedia de animales. De mayor quería ser biólogo, eso lo decía desde que tenía cinco años.
Sin embargo, compartíamos la afición de coger olas. Cuando cumplí los nueve años, mi tío me regaló una vieja tabla que se había encontrado tirada al lado de un contenedor de basura. Como estaba partida en dos trozos, mi tío los pegó y la puso un lazo de color rojo. Fue el mejor regalo que me han hecho y probablemente del que más provecho he sacado. Aprender no fue fácil, me llevó todo el verano ponerme de pie, pero al final lo conseguí, y desde entonces no he podido bajar de la tabla. Mi hermano Pancho, como todos los hermanos pequeños, se emperró en que quería venir conmigo, y poco a poco, fue aprendiendo también. Al final nos enganchamos a las olas y siempre que podíamos íbamos a la playa, no importaba la época del año, el mar estaba al lado y nos llamaba.
Ahora hace unos tres años que se fue a estudiar biología a Madrid. El tío está encantado con la carrera y dice que poco a poco se ha ido acostumbrando a vivir en una gran ciudad. Yo de momento vivo con mis padres. En verano curro de socorrista y en invierno de lo que sale. Cuando lo pienso no me veo en otro sitio, y menos en un lugar sin mar. Ayer Pancho me llamó por teléfono y me contó que a veces, de la que baja de la facultad para su casa, por una calle que tiene algo de pendiente, se desliza por una ola. Lo hace sin darse cuenta, de repente se imagina que va sobre la tabla y cuando viene alguien de frente, pues gira la tabla; primero hacia arriba y luego hacia abajo, volviendo al centro de la ola. Cuando me lo contó me hizo gracia, pero luego me di cuenta de lo lejos que Pancho está del mar.


Dulce realidad


El color ámbar de la cerveza abarcaba toda su atención, diminutas burbujas ascendían parsimoniosamente a través del líquido, deteniéndose unos instantes al chocar con el cristal. La chica no paraba de hablar pero Jaime apenas podía oír un ligero zumbido de tontas palabras. Llevaba ahí desde las seis de la tarde y cuando miro el reloj, las agujas marcaban casi las diez. Siempre había buscado chicas como Jennifer, la que en estos momentos estaba poniendo verde a cierta amiga suya. Pero en ese momento había perdido todo el interés, y se arrepentía de haber insistido en quedar con ella. ¿Cómo era posible que no se hubiese dado cuenta? Mirándola ahora tenia la absoluta certeza de que no compartía nada con ella, ni siquiera le importaba lo que le contaba en ese momento. Jenny, como le gustaba que la llamasen, hizo una pausa en su monologo y miró fijamente a Jaime.
- ¿No te parece increíble?-
-pues sinceramente no…-
-lo que yo decía, y además se atreve a decirme que soy una falsa, ja. La zorra esa no sabe con quien habla- reanudó su discurso y Jaime se resignó a encogerse de hombros y dar un largo trago a su cerveza.
Aun no sabia porque lo hacia pero siempre había buscado esa clase de perfección superficial que cubre como una pátina a esa gente que se cree perfecta. “Es así de simple” pensó “solo necesitas creerte dios para que te alaben como tal”. Jaime resopló, este tipo de pensamientos le hacían asquear un poco más la simpleza del ser humano. Se levantó de aquella mesa dejando a la chica con un asombro que rayaba lo cómico. Mientras salía por la puerta pudo escuchar como le gritaba que a ella no la dejaba tirada ni dios, ¡ni Dios eh!

Paseó por el puerto observando como se mecían las embarcaciones acunadas por un suave oleaje. Nunca se había parado a pensar que aquello también era hermoso. Aquellas fachadas que se erguían imponentes, la bahía abrazada por las montañas como un pequeño en el regazo de su madre. “es increíble que haya mirado esta bahía millones de veces y hasta ahora no la haya visto”. Una vibración en sus pantalones le despertó de aquel ensimismamiento.

- ¿Jaime donde andas?, estamos en cañadío desde hace media hora ¿estas bien?- Alba parecía preocupada. Desde el fondo escucho la risa de su amigo Pablo
- Seguro que le has pillao follándose al pibón ese, ¡ja!-
-¡Pablo! No seas idiota- Jaime había olvidado por completo la chica con la que había estado toda la tarde
- Sí, estoy bien. Ahora voy “pa” allá-
Encontrar a alguien en aquel mar de gente parecía una tarea imposible. Jaime pegó saltitos con la esperanza de encontrar la cabeza de Rober (el más alto de sus amigos) entre la multitud. Por fin los localizó y se abrió paso entre codos y barrigas hasta ellos. Pablo lo agarró del cuello con su patentado “abrazo del oso” y le propinó un cariñoso y desmesurado puñetazo en el estomago
- ¡Aquí esta el semental! Fieeeera- a juzgar por la media sonrisa que se le había instalado furtivamente en el rostro, la cerveza que sostenía no era la primera. Alba le cogió cariñosamente del brazo con un fuerte nerviosismo en los ojos
- tranqui tío, si además no nos hemos liao ni na. No se, ha sido bastante raro- Alba transformó el nerviosismo anterior en un alivió que sorprendió a Jaime, en cambio Pablo se aparto de él de forma brusca y puso una teatral pose con los ojos en blanco.
- No, si ya decía yo que eres raro de cojones. Seguro que al final tiene Manu razón y eres gay. Pues a mí no me mires que yo estoy con Rober-
-Más quisieras- añadió Rober con una sonrisa
-Bah, dejadlo. ¿Quien me invita a una cerveza? que luego saco pasta- y, por segunda vez en el mismo día, Alba le sorprendió al ofrecerse con insistencia -si además te debía una- Jaime no recordaba eso pero no le hizo ascos a la oferta y la siguió a la barra del bar.
Mientras esperaba a que les sirvieran la miró y, como le había sucedido con su hogar, se dio cuenta que no la había visto hasta ahora. Alba no era lo que Pablo llamaba un pibón. Era bajita, tenía los pechos pequeños y labios demasiado finos. Tenía un pelo bonito, pero se le encrespaba con facilidad. Era, en conclusión, una chica normal. Pero Jaime descubrió que había mas cosas que no había sabido apreciar. Sus ojos brillaban cargados de inteligencia y entusiasmo. Su forma de hablar, que había considerado demasiado tímida, demasiado inocente, se tornaba ahora cariñosa y amable. Una atracción surgió de lo más profundo de su corazón como una descarga eléctrica que le hizo estremecerse
- Has cambiado- dijo. Pero al instante se dio cuenta de que no era eso, era él el que había cambiado. Algún ser misericordioso le había quitado la venda de los ojos.
- Pues no sé- dos círculos rojos se le instalaron en los pómulos. Él le acarició la mano que tenia sobre la barra con lo que consiguió que el corazón de ella apretase el turbo.
- Creo que llevo toda mi vida siendo un idiota, perdona- Jaime se encontraba extrañamente calmado.
La cogió por la cintura y la besó. Un torrente de sentimientos le recorrió el cuerpo. Notó como esos finos labios temblaban al contacto con los suyos, notaba sus pechos apretados contra su cuerpo y el latido desbocado de su corazón. Cuando él fue a abrir la boca ella se la selló con otro suave beso. Lo cogió de la mano y tiró de él hacia la puerta, olvidándose de sus cervezas, sus amigos, y todo lo que les rodeaba. Ahora solo existían ellos. Se escabulleron entre la gente que abarrotaba la plaza y corrieron sin parar hasta sentir como el agua de la bahía les mojaba la cara y el viento les revolvía el pelo. No habría podido explicar porqué lo habían echo pero ambos los necesitaban. Alba lucia una sonrisa radiante y en sus ojos había explotado una bomba de brillo y color.
- esto es precioso- miraba hacia la bahía pero él sabia que no se refería solo a eso
- Ven, sé donde podemos estar tranquilos- Jaime la condujo hasta su coche, que no estaba lejos. La abrazaba y sentía su calor. Toda la imperfección que antes le parecía tan evidente se había difuminado como si un bondadoso pintor hubiese aplicado su dedo para transformar los defectos en una potente atracción.
En la intimidad del viejo vehículo ambos se fundieron en el calor de sus cuerpos y cuando Jaime sintió como la tensión en todos sus músculos crecía, transportándolo al éxtasis, lloró. La felicidad lo había invadido y las lágrimas de la ilusión corrieron libres por sus mejillas. Ella lo miró tiernamente y le pregunto en un susurro
-¿por que lloras?- Jaime sonrió de oreja a oreja
-porque eres real-
Y ambos lloraron de verdadera felicidad.
Dani.

Mi barrio, mi bici


Esta es mi bici.
Llevamos saliendo siete años. Juntos hemos recorrido Santander mil veces, desde San Fernando hasta las universidades. A veces vamos dando un paseo hasta el faro por el camino que bordea Mataleñas. Si hace sol, nos gusta ver el mar rompiendo en los bajos de la Virgen del mar, en Arnía y en Covachos. Pero cuando mejor lo pasamos es en verano, porque nos acercamos hasta Boo para saludar a las dunas, la ría y los surferos.

Anoche la deje durmiendo en la acera delante de mi casa, en su sitio favorito. Alguien se acercó sigilosamente y la tapó la boca mientras cercenaba el candado con alevosía y más pena que gloria. Malherida y renqueando, la bici fue secuestrada contra su voluntad.
Cuando fui a darle los buenos días, solo encontré el hueco de su ausencia sobre el asfalto.

Santander está enfermo, y tenemos que curarlo. Me pregunto si un Domingo será suficiente...

Esta historia es real. Si ves esta bici en Santander, recuerda que es robada, y no dudes en llamar a la policia. Como podeis ver, el cuadro es marca Felt negro y plateado con amortiguadores Rock Shox. El sillín está hecho un cristo, pero es de gel bueno.

La bici tiene 24 velocidades, cambios Shimano (creo) y pedales con puntera de plástico negro. Recuerdalo, es una bici robada.

Si eres el secuestrador, nunca es tarde para cambiar.



El Túnel

Acaba la noche y la sardinera me ofrece de comer, siempre atenta para los que pasamos hambrientos a su vera y no nos queda para un peligroso kebab. Menos mal que Jank y Treze se encargaron darle otra cara a la entrada con ”sueños de ser grandes” para desvelarte un poco más. Me detengo y observo a la chica, me gusta. Miro hacia atrás y ninguna cara conocida. Pero no hay problema. Me esperan 760 metros de placer…
Sí, como tantas otras noches, volví a cruzar ese agujero que atraviesa las entrañas Santander de Norte a Sur. No estaba yo para subir a visitar al General Dávila…En bicicleta, en bus, corriendo, en coche, en el manillar de un colega... Como ya me enseñaron en el colegio, la distancia más corta entre dos puntos… Túnel.
Lleno de humo, polvo, ruido y caras tristes... Seguramente se llevaría un premio entre los sitios más feos de Santander. Y yo que me lo crucé caminando la primera vez que aterricé en esta ciudad nada más llegar (interesantes guías las mías).
Pero, curiosamente, mientras las baldosas pasan debajo de mis pies, las mejores ideas afloran en mi cabeza. Baldosas y columnas que me esconden historias para todos los gustos… Se trata, sin duda, de uno de los mejores lugares para reflexionar, pensar en sus movidas y apurar el paso buscando el otro lado.
Asoma la luz y un viento frio que vuela desde el mar me recuerda que ya ha empezado un nuevo día. Yo ya llego tarde, pero no me importa. Paseando entre caras somnolientas apresuradas y mochilas colgando por detrás… se me dibuja sin quererlo una sonrisa en la cara. Hoy, que no cuenten conmigo. Todas las cosas parece que tienen un toque distinto. Quizás esté soñando, los olores han cambiado, las paredes de los edificios ya no tienen el color de hace unas horas, las papeleras están al acecho en cada esquina y el sol ya empieza a iluminar los pisos más altos…
Me paro a recordar, que lento y que rápido pasa el tiempo, si hace un rato acababa de entrar en el TÚnel.
Le Hyperbolé.

Thursday, December 3, 2009

Contradicción

Cuentan que una vez existió un hombre. Un hombre que salía a pasarlo bien, a emborracharse con sus amigos, a conocer gente, a hacerse amigo de todos. Un hombre al que no le preocupaban su aspecto, su forma física, y al que realmente le daba igual lo que pensaran de él. Pero su mayor virtud era la de no importarle la opinión que las mujeres tenían sobre él.

Le resbalaban el morreo nocturno, el noviazgo, el amor... eran cosas a las que no les daba importancia. Él sólo se ocupaba de gozar de unas buenas miguelinas,de disfrutar con su 1-1 de moito, y sobretodo de reírse. Se cuenta que la risa era su mayor aliada, y que incluso cuando llegaba a casa ya de día, la sonrisa seguía pintada en su cara. Era tan feliz que incluso su padre, que lo veía venir por la acera de lado a lado cuando iba a trabajar, le felicitaba y le daba veinte euros, ya que tenía pinta de haberlo gastado todo. Y que cuando subía las escaleras sin hacer ruido para que su madre no se diera cuenta de la borrachera estrepitosa que tenía, ella lo estaba esperando con la puerta abierta de par en par, para ahorrarle el trago de encajar la llave. Además previamente le había puesto una jarra de agua al lado de la cama, para que no tuviera que levantarse a cada poco a matar la sequía que deja la resaca.

También cuentan, que cuando al día siguiente se despertaba, no pensaba en otra cosa que en su felicidad. La felicidad de no pensar en nadie, de no tener que aguantarse para no escribirle un mensaje a esa perra que una vez le dio puerta, ni pensar que estará haciendo ahora, ni autoconvencerse sin éxito de que ella es una puta, y que el tiempo a su lado fue tiempo malgastado. Por eso, cuando estéis un día de resaca evaluando lo bueno y lo malo de todas vuestras acciones, acordaros de ese hombre, ese que no se preocupa por nada, y pensar que esto es así porque un día de borrachera, todos hicimos un mal negocio con él, y le entregamos nuestra felicidad a cambio de sus problemas.

Canterano.


Adolescentes

Pedro es un surfer. Nunca va a coger olas, pero lleva ropa surfer, bambas, mechas rubias y un colmillo de colgante.

Esta noche de viernes, han quedado en los bajos a las 9 para privar un poco antes de probar suerte en el Divino, y así poder ahorrar algo de pasta. A las 8 y media le recogen sus colegas Cote y Rulas:
-Hey, Pit, baja de una puta vez, que se hace tarde - grita el Rulo por el telefonillo.
-Que más dará, si los chinos no cierran.
Hace una noche un poco rara, la verdad. No llueve, pero hay una brisa fria y húmeda que no mola nada, aunque eso se va a solucionar enseguida con el calor de la muchachada ebria.
-¿Que vais a pillar?
-Conquistador.
-Para variar.
-¿tu?
-Un litro de Mahou y ... Rulas, te hace un cacique a medias?
-¿No será mucho?
-Este nos ayuda.

Al llegar saludan al resto y charlan un rato. Chorradas, poca cosa, que tal chaval como va eso y choques de manos. Las chicas llegan tarde, como siempre, pero desaparecerán en seguida, como siempre, porque estos chavales son poca cosa.
A Pedro le mola la Sara. No es que sea la más guapa, pero es la más simpática, aunque cuando está todo el grupo junto ni le mira, se hace la chula. “Es que tampoco es muy lista”, piensa Pedro.
Con los litros, la gente empieza a dispersarse y a perderse con el resto de los subgrupos que comparten playa, y la playa empieza a ser una puta guarrada.

- Tío, me estoy churrando.
Yo también.
Eh, Cote! Ahora volvemos!
Van a la esquina. Huele a meos que dan ganas de potar, eso quiere decir que ahí está el baño oficial de los bajos.
-¿Has visto como estaba la pava esa?
-¿La de rojo? Ya te digo. Uf, me la follaba.
-No te jode.
-La amiga te miraba, jajaja.
-Ja ja, que gracioso, menuda flete.
-Joder como me meaba.
-La voy a decir algo.
Pedro va para allá. No tiene muchos ánimos, sabe que tampoco tiene muchas posibilidades. Muchos tíos están mirándola y babeando, aunque ninguno se atreve a ser rechazado delante de toda la playa, saben que luego la gente lo comentaría. Chica prototipo, pija (sin dinero, por supuesto), supermaquillada y pendientes de perla que no falten. A ella la gusta que la miren (aunque dice que son unos babosos), pero todos los que se la acercan sólo quieren lo mismo. Además ella está colgada de Manu, el gallito de las Llamas, que no es precisamente un tipo polifacético.
-Hola, me llamo Pedro y tu?
Valen.
¿Donde estudias?
En el Santa Clara
Ahm..y que tal? (Se nota que Pit no es muy hábil ligando aún).
Bien, sin más.
Se produce el silencio justo para que la amiga flete haga escuchitos con otra amiga que le mira por encima del hombro.
-¿Te gusta el surf?
-Bah, no me interesa mucho.
-Pues está muy guapo.
-Bueno es que necesito ir al baño.
-Bueno pues ya nos vemos.
-Chao.

Vuelve un poco cabizbajo pero decidido, no pierde la esperanza, sabe que al menos un ciego se va a pillar. Beber nunca le falla.
-Que tal?
-Una puta borde de mierda.
-Como todas. ¿Que la dijiste?
-Lo típico, donde estudias, tal... tampoco hemos hablao mucho.
A sus 16 años, Pedro ya es un malote, así que no desaprovecha el calo de un peta que le ha pasao el Cote.
-¿De quién es? Cote, de quien es?
-Del Choco. Le voy a pillar, quieres?
-Na, yo paso.
-Pasas pero bien que fumas, cabrón - dice el Choco con una sonrisa un tanto amarilla. Sabe que si quiere vender la mierda de chicha que compró primero tiene que regalar un poco, hacer que la gente se interese.
Tras litro y medio de cerveza, cacique, mocho y alguna mierda más que les han compartido por ahí y un par de viajes más al baño, el trío calavera se van con Choco, Fonso y Jambo dando tumbos para el centro.
-...y encima la Sara sigue haciendo que pasa de mi cuando sus amigas están delante.
-Bueno, pero eso solo lo hace porque a sus amigas no las pareces “guay”.
-Ya, pero..
-Cinco veinte.
-El taxi entre cuatro sale rentable, te lo dije.
-Ya, pero es que no me gusta coger el taxi.
-Y que ibas a hacer, venir andando?
-...
Además en el taxi te lo pasas de puta madre comentando las movidas de la noche con el taxista delante. Los taxistas ya están curados en salud, la de historietas que habrán oído. Lo malo que a veces te mareas.

Llegan al Divino a eso de las borrosas 2 y media. Entran tras convencer al portero (que siempre pone problemas a las bambas de Pedro -¡Joder, Pit, tio, si ya lo sabes, ponte zapatos, coño!) en el ambiente asfixiante, la música a tope y las colas en el baño, donde, por cierto, se pasa y se consume bufa, le grita Cote a Jambo al oído.
-Que sí, tío, acabo de ver a un pavo metiendose, te lo juro. Hizo así...fuuas!
A todo esto, Pedro tenía una sed de la ostia, así que se pide un cubela de Bacardi rancio.
-6 pavazos! Que puto timo! Joder, encima la camarera menuda mongola. Pues no se tira media hora la pava para poner la puta copa y la digo: de Barceló, BARCELÓ! y me la pone de la mierda esta intragable. Joder!
Con las quejas y los aspavientos la cara de un pavo y la copa de Pit acaban de fusionarse en un espectáculo de luz y color. La peña está mirando, algunos se ríen, y Pedro tiene dificultades para explicar a un gañan 2x2 porqué acaba de pegarle una ducha de licor. Bastante tenía con mantener el equilibrio.
-Me cagüen Dioossssss.
Los amigos le agarran.
-Vamos fuera cagüen dioossss, vamos, gilipollas.
-Lo siento tio lo siento es que está petao, de verdad, tio...
Los amigos del gañan ayudan, en parte
-Dejale tio.
-Anda vamos que es un payaso.
-¡Ándate con ojo, payaso!
-Si te veo por ahí te voy a partir la cara.
Empujón y se piran. Ahora encima aguantar el chaparrón de los colegas.
-Tio, joder, casi nos ostian.
-No, si encima tendré yo la culpa de que el puto bar esté petao.
-Podrias poner puto cuidao.
-Bah, que os den.
Salen. Ya no hay mucha fiesta. Cote y Choco piran al garito a matar la noche a petas. Jambo se va a casa. Deciden quitar la gusa con una zamburguesa y una napolitana.

-Bueno, Rulas, tu y yo un mano a mano. ¿Indian y a casa?
-Na, paso. Cuatro pavos y tampoco es que esté muy motivao.
-Venga, Rulo, no te Rules.
-Na, Pedro, tio, que piro.
Había dicho “Pedro”, no había nada que hacer.
-Bueno tio, pues mañana nos vemos.¿Un pro en tu casa a las 6?
-Hecho.
-Chao tio. Nos vemos.

El Raul era buen tio. Callao a veces, pero lo compartían todo. A Pedro le gustaría que fuese más animao con las chavalas, que le diera más juego para ir a hablar con ellas. Pero le costaba, las chicas eran demasiado bordes y él demasiao tranquilo, demasiao pasota. Por lo demás de la ostia.

Pit encara canalejas con garra, pero a su ritmo. Es más facil si haces eses, aunque en este caso haces eses y punto. El viento de frente, una lluvia suave va mojando su cara y su pelo, que se alisa con cada gota. Mientras reflexiona sobre la noche de mierda que acaba de pasar la fiesta se va convirtiendo en un nubarrón de imágenes, el agua le va limpiando las heridas de la Luna.

“Paso de la Sara, fijo que algún día se me echa encima sin que yo lo busque. El Rulo siempre lo dice, que pase un poco de ella. Joder el Rul, que puto rajao, menos mal que al menos me entiende, la verdad que es un colega”. Sentao en el descansillo esperando al ascensor, Pedro se pone demasiado cómodo. “No se me olvide beber agua, que quita la resaca. Rulo siempre lo dice: el agua lo limpia todo. Puto Raul, él si que es un colega”

Vila.


Tristeza

Salio de su casa con paso apresurado. Un nerviosismo crecía en su interior provocándole un molesto sudor en las manos, que no se remediaba por mucho que se las secara en los pantalones. Sabía que hoy podía volver a verla y ese pensamiento ocupaba la totalidad de su mente. Encendió un cigarrillo mientras recorría el paseo Pereda con los ojos clavados en sus rotas zapatillas deportivas sin observar los jardines, ni las fachadas, ni la gente. Todo seguirá ahí mañana, mirándolo con desprecio y recordándole que su vida es una mierda. Pero hoy no le importaba pues pronto estaría con ella y cuando se abrazaban, sus penas parecían disolverse en el olvido y lo demás no importaba.

El cigarrillo destelló con su fulgor rojo cuando acercó el mechero al extremo. El humo entro fácilmente en sus pulmones y le trasmitió un calor reconfortante. A cada paso que daba se sentía mas seguro de sí mismo. Una confianza que había perdido mucho tiempo atrás. Al pasar por un escaparate vio su antiguo sueño reflejado en un trípode y un maletín de oleos. Siempre había soñado con ser pintor, y no se le daba mal. ¿Qué coño? Era cojonudo, pero las decepciones también habían marchitado los pétalos de aquella ilusión. Delante de aquel escaparate, lo tuvo claro: mañana me pongo a dibujar, si, mañana seguro.

La plaza de Cañadio estaba abarrotada de gente. Gente rodeada de amigos que escuchaban con una sonrisa todo lo que contasen, que prestaban su hombro si te veían una lágrima, que daban calor a tu corazón cuando hacia frío en el alma. Él no tenía amigos, ni los necesitaba, los amigos solo le causaron decepciones y sabía que la traición se escondía tras los ojos más amables. Él solo la necesitaba a ella, que borraba todas las cicatrices de la vida con una caricia, dejando una dulce paz por donde sus dedos pasaban.

Las tiendas dieron paso a los bares y clubes de Santa Lucia. Grupos de jóvenes se agolpaban en las entradas con la esperanza de pasar. Él sabía que no tendría problemas, es lo bueno de la tristeza, te da años. En el interior el ambiente estaba enrarecido y la multitud danzaba poseída por la energía de la música y el alcohol. Pidió una copa y buscó con la mirada pues sabia que podía encontrarla, necesitaba encontrarla. A esa copa y ese bar les siguieron muchos más, hasta que por fin la encontró. Su corazón se aceleró notaba la sangre agolpándose en su cabeza. El sudor de las manos se convirtió en un temblor nervioso y su cara rejuveneció, tocada por la esperanza.

Pero ella no estaba sola y sus amigos no lo ponían fácil. Sabía que había subido el precio pero tenia pasta. Había sacado una buena tajada de la venta de María y esa noche seria toda suya. Por fin la tenía entre sus brazos. Por fin podía besarla.

Salió del local y echo a andar hacia el mar. Cuando estuvieron solos, con las olas tocando para ellos una hermosa melodía, y la arena como lecho, la tomó y sintió como se desataba su efecto por sus venas. La droga corrió libre por su cuerpo, poseyéndolo, curando de raíz la enfermedad de los recuerdos, dejándole sentir con toda la intensidad el tacto de la arena en sus dedos y el sabor de la sal en sus labios. Y de pronto tuvo la certeza de que no habría mañana.

Y no le importó

Dani.

Historias de Arena

Pim le pasó el peta a Pum.

-¡Ya no fumo, tío!- dijo Pum.
-¡Qué dices Pum, tronco! Si te acabas de joder todo lo verde que me quedaba…-le reprocho Pim encarándose.
- ¡Qué no tío, ya no fumo, ni ahora ni nunca! He dicho- finalizó la conversación Pum mientras se recostaba.
-Vale, tu veras… - dejo caer Pim mientras le acercaba lo que quedaba a Pan.
- ¡A tomar por culo, pesaos!- dijo Pan mientras terminaba el lirio y sentía como le iban llegando las sensaciones hasta la quijotera.
Y Pim, Pam, Pum se quedaron arreglando el mundo sobre la arena de Mataleñas hasta que el sol les dio los buenos días al otro lado del horizonte.

El Hipérbole.


I’m lovin’ it

Chus era un Yonki que solía pasearse por el Campillín en busca de prostitutas para desfogarse. Cierto día se acercó a una mujer en busca de sus servicios. Una vez delante de ella Chus se quedó fascinado; no era una prostituta como las demås,ésta era distinta, era un cacho de puta. Se acercó lentamente, la miró a sus ojos rojos con ojeras y le dijo:
-”Me llamo Chus, ¿cuánto cobras por un polvo en plan cerdo en los arbustos, puta?”
-”10 eurazos, yonki cabrón. Ah, y me llamo Jenny, chato.”

Chus estaba comenzando a enamorarse de ella y decidio ser caballeroso y no ir directamente al acto sexual por el que se supone que iba a pagar. “¿Quieres un pico puta?”, preguntó Chus con mirada tímida. “Ahora no me apetece mucho Chus, pero si quieres un día podríamos quedar para meternos picos en la plaza de toros, hay mucho ambiente de mañana a eso de las 12:00” contestó Jenny. De repente los dos se miran a los ojos, sonríen mostrando sus escasos dientes y comienzan a besarse. El apasionado beso se pausa, Chus necesita vomitar debido a la borrachera de vino de brick de por la mañana, luego el beso continúa. El beso se transforma en revolcón por el suelo hasta llegar a los arbustos, donde Chus rápidamente recoge un condón usado que había en el suelo se lo pone y proceden al polvo propiamente dicho. Tras 2 horas y 3 polvos seguidos con el mismo condón Jenny y Chus se levantan y van juntos de la mano a comprarse algo para almorzar. Una vez dentro del Alimerka que está cerca de Plaza Castilla se dirigen a la sección de bebidas alcohólicas.
-”Voy a pillar 2 bricks de vino Jenny”
-”No no, birra Chus, quiero birra”
-”Ni de palo, pillamos vino, birra pa cenar”
-”No jodes Chus,pilla birra y déjate de ostias!!”
-”¿Serás puta?. Jenny tía, yo te quiero tronca, y lo sabes, pero vamos a llevar vino, y tu te jodes y bebes vino, ¿ok puta?”
-”Yonki hijo de puta, te odio....”
-”Jenny, cari, con lo puta que eres tú y lo Yonqui que soy yo me parece que no podemos seguir juntos, tenemos demasiado carácter los dos”
-”Es posible, mejor que lo dejemos ahora que estamos a tiempo....”

Tras estas palabras, un beso y meterse 2 birras debajo de la cazadora Jenny se fue del Alimerka y Chus se quedó sólo comprando su vino.
A partir de ese día, cada vez que Chus se iba al campillín en busca de prostitutas, se cruzaba con Jenny y una mirada de complicidad delataba que algo había quedado entre ellos, algo....

Txumari Alfrower

El placer de mirar

Qué mejor entretenimiento que observar. Salir a la terraza y contemplar lo que ocurre a través de colores que tupen contornos. A veces tienes suerte y alguien se ha dejado la cortina sin correr o la persiana sin bajar, y expone su intimidad a los ojos ajenos. Ves como van de un lado para otro, se sacan un moco o se rascan zonas comprometidas, creyéndose a salvo de los juicios sociales. El comportamiento humano es natural cuando se encuentra protegido por su entorno, cuando su ingenuidad no alberga la posibilidad de que lo estén viendo. En la intimidad perdemos la vergüenza, cantamos, bailamos y hablamos con nuestro espejo. Hacemos muecas, analizamos las partes más recónditas de nuestro cuerpo, dejamos que aflore el lado más guarro y asqueroso de nosotros mismos, porque somos los únicos con los que no tenemos ningún tipo de tabú. Así que si tienes la suerte de tropezar con una ventana por la que siempre puedas analizar comportamientos extraños, interesantes, o simplemente naturales, no dudes en volverte adicto a ella.

Ana González.